¡Que no oiga, que no!

Con seis años cumplidos, un niño mira. Y mirando mirando, seguía Juanito el devenir de la piña que servía de pelota a los adultos de 8 a 10 años. No le habían dejado jugar por pequeño, pero podía mirar.

El juego era sencillo. Uno atrapaba la piña, levantaba la vista para ver correr a los otros y se la lanzaba con toda la mala leche que era capaz al más cercano. El “Tafarrut” se llama el juego.

La piña la cogió Cristobal.

Cristobal, con diferencia, era el que más mala leche tenía y, habiendo sido lento, no quedaba a su alcance más que Juanito, que no jugaba, pero estaba allí. Presto estuvo Cristobal para lanzar con rabia la piña, pero más lo estuvo Juanito para agacharse con el resultado de que, tras un extraño rebote, el piñazo fue a parar al centro del cristal de la ventana de Teresa, “La Manqueta”.

Esta, a la que el impacto le había pillado depilándose las piernas en la misma habitación a la que entró furibunda la piña, se asomó por el agujero y cruzó la mirada con Juanito que, paralizado, fue el único que no corrió como alma que lleva el diablo al oír los trastazos del cristal roto.

Parálisis que aumentó con el vocerío posterior.

Tanto, que cuando decidió correr hacia su casa, se cruzó con “La Manqueta” que, amenazante, le avisó de lo que le esperaba en casa, que su madre ya lo sabía. Lo que demuestra que la manca era manca pero no coja, que mientras él iba la otra ya volvía.

En efecto, en la puerta de casa estaba la madre con enojo y disposición a reprimenda bien ganada. Pero nunca llegó.

Todas las madres saben cuando su hijo miente, lo reconozcan o no, lo saben. Al principio pensó que las lágrimas de Juanito eran de pavor por el mal causado y las posibles consecuencias, pero bastaron segundos para que distinguiera el color de la impotencia en ellas. Que la impotencia tiene color, amargo se llama.

No hubo reprimenda, sino consuelo para Juanito.

Cristobal dijo que la piña la había lanzado Juanito y nada se pudo hacer para desmentir la mentira. El cristal lo pagó Juanito, pero no lo rompió.

Ya ven ustedes.

Se que hablo para una sociedad que nace culpable y que es educada en la culpa. Nada tan efectivo como eso para manejar conciencias, pero aun así he de decírselo señores.

Últimamente no cesa el mensaje de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, de que formamos parte del sistema, – el otro día me acusaron de tener una hipoteca-, de que nos hemos beneficiado de él y ahora lo criticamos. El ejemplo del joven obrero con BMW lo tenemos en el cerebelo incrustado. Hartazgo.

Unos convencidos por ideología. Recordemos que se está imponiendo la opinión liberal de que si no eres un emprendedor eres un fracasado y los derechos…;bueno, ya sabemos donde han ido los derechos de los pobres. Otros convencidos por la ola de manipulación mental a base de eufemismos y titulares que está arrasando con cualquier indicio de autogestión cerebral o de independencia crítica e ideológica. Otros más no lo entiendo muy bien.

¡Tenemos que apretarnos el cinturón!

Pues no señores, tienen que apretárnoslo ustedes, porque nosotros siempre lo hemos llevado sujeto. Han sido ustedes quienes se lo soltaron y son ustedes los que nos lo aprietan a nosotros para pagar sus desvaríos.

Hablamos de hipotecas a x años, impagables a todas luces hoy y acusamos al hipotecado como si se tratara de un delincuente porque así nos lo venden, pero ¿Alguien se ha parado a pensar en cual es el mal cometido?

Ya se lo digo yo, miren:

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

La constitución. Esa cosa.

No es un mal, es un derecho.

El derecho a , con el usufructo del salario, tener para una vivienda en la que formar una familia, o al menos a tener un salario que te permita eso. Si después te lo gastas en un BMW allá tú, pero en este país, en mi país, su país, nuestro país la gran mayoría de los habitantes, pensaron en una casa para vivir y un coche para trabajar. No en el BMW del niñato, ese es minoría responsable, Yo no, ni casi ninguno, mírese usted, o a sus allegados.

De lo que hace tiempo que no oímos hablar es del poder adquisitivo. Si , eso. Poder adquisitivo, ese que empezó a bajar con la entrada en el Euro y que no ha parado.

Veamos. En 1998 el metro de vivienda estaba en 1089 €, en 2005 a 2516€, bien; la oferta y la demanda; ya. Solo que el mismo asesor, el mismo tasador del mismo banco, valoró ese préstamo en el 98 y en el 2005.

Prestó lo que vale la casa al constructor, lo que vale la casa más el beneficio al comprador y lo que vale la casa, más el beneficio del promotor y el beneficio del especulador al currito que buscaba piso para vivir.¡¡Con todo su derecho!! Recordemos.

Y ¿donde estaban las normas, la regulación y las condiciones que tenían que proporcionar los poderes públicos? En el banco, al lado del director repartiéndose nuestro futuro.

No señores. Yo no soy culpable. Pagaré, sí. Porque ustedes son más fuertes y tienen más poder en este mundo donde el principal valor es la avaricia, pero soy víctima de un robo. No lo olviden, lo se. Y duele más la indignidad de sentirme acusado que el dinero que me están robando, y tengo una prueba de ello. No se lo que costó aquel cristal, ni mi madre tampoco, pero ambos recordamos perfectamente que una vez me vestí del color amargo de la impotencia, tanto que hoy, cuarenta años después, lo escribo para ustedes.

 


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6 respuestas a ¡Que no oiga, que no!

  1. aalegres dijo:

    Buenos días Juanito,
    Como siempre emocionante te dejo mi enhorabuena, sigue cling cloneando que eso va bien para lo de la importencia.
    Belén

  2. wifredo rizo chico de guzmán dijo:

    Te dejé un comentario en el mail, que fue donde me lo enviaste.

  3. Alicia dijo:

    Estas dos historias, verídicas en su compendio, tienen la especialidad de hacernos sentir protagonistas. Cada cual, que elija su papel en la filmografía de la vida.

    Representa a la víctima y al presuntuoso, y entre ellos, a los perdonavidas que ajustician a todos por igual.

    La victima; ¿su error? intentar vivir con dignidad, sin más lujo que un techo, a la par de humilde, incierto, cuyo único amparo es su voluntad y su trabajo.

    El presuntuoso; soñador inconsciente que siempre termina llorando su desdicha sobre hombros prudentes, tachados de parcos.

    El perdonavidas; implacable embaucador que se jacta de los otros dos, escudado por el poder y el caudal.

    Tanto a los presuntuosos, como a las víctimas, no les queda más remilgo que la compasión y la ausencia de certeza, atemorizados, sin porvenir, ni salida.

    Siempre remueves entrañas, Juan

  4. María dijo:

    Olivares, no me conoces, yo a ti sí,y me he permitido entrar en tu blog . Me ha llamado mucho la atención tu escrito. Me identifico plenamente contigo .Pareciera que me has leído el pensamiento y has tomado mis palabras. Sigue…sigue así, personas como tú hacen falta en este puñetero país y no menos puñetero pueblo.

  5. Gracias María, para eso tiene uno un blog, para enseñar lo que hace.Alicia, eres un encanto hija, me abrumas jejej gracias a ti por ser tan tan amable. Y Belén es un verdadero placer tenerte por aquí, un placer.
    Wifredo yo no te envío el correo, estás suscrito y se envía automáticamente un correo con cada entrada nueva. Yo no puedo leer esa respuesta, pero sea la que sea muchas gracias.

  6. claudio rizo dijo:

    Bueno, Juan, por fin leí el artículo. No puedo compartir todo lo que dices, especialmente lo del robo (al final) ni de que se acusen a los hipotecados de delincuentes. En realidad mi opinión no importa, sino la tuya, por eso has escrito lo que piensas. Pero sin entrar en detalles (por este medio no nos llevaría a ningún sitio ni nadie se movería de su posición), sí he creído necesario, primero, felicitarte por la claridad (como dice Sergio arriba) con que lo has escrito, por defender su visión de las cosas a este respecto; pero segundo, también expresarte mi no acuerdo con algunas cosas que comentas o quizás por cómo están presentadas. Pero insisto, el artículo aporta ángulos interesantes y reflexivos, aunque no tengan por qué ser compartidos. Un abrazo, Juan. Siempre me resulta placentero leer tus textos, sobre todo si divergen (en todo o en algo) con mi punto de vista. Eso es enriquecerse uno…

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