En la calle Francisco santo (versión full extended) ¡Toma Inglés!

En La calle Francisco santo

Son sólo doscientos metros. Si presiono fuerte se parará la hemorragia. Esta calle es solitaria, ni siquiera los que fuman marihuana en este rincón cada día, en todo momento, mis jóvenes vecinos ocupas, están ahora para ayudarme. Esta calle es muy estrecha, muy antigua, eso que aquí se llama casco viejo. Calles que tienen historia, buena o mala, historia, que esa palabra lleva consigo tiempo a todo, y de todo hay donde habitan o habitaron los hombres.

No le había dicho nada para que se enfadase y nada había hoy que no hubiera ayer para que esto ocurriese.

Sólo doscientos metros  y llegaré a donde hay luz, donde hay gente. Él no es malo, tiene genio, y cuando bebe la ira le domina, le convenceré para que no beba más porque lo de hoy no se puede repetir.

No me duele, pero noto el calor de la sangre por debajo de mis vestidos, me falta la fuerza, se va por la herida. No tenía que haber dejado el cuchillo a la vista. No tengo que tropezar, si me caigo quizá no pueda levantarme y no llegaré a la luz. ¡Que lejos está la plaza!, doscientos metros interminables. Veo la fachada iluminada de la iglesia de la Plaza Vieja, como la llaman aquí.  En mi pueblo, en Rumanía, también tenemos una plaza bonita, la más bonita del mundo, cuando me curen me volveré a mi pueblo sin él, sin mi marido, que siga bebiendo si quiere, pero sin mí.

Ciento cincuenta metros. Noto el líquido caliente por debajo de mi ropa interior.

La fachada de la casa de la derecha es marrón, de piedra marrón clarito, como todas las casas antiguas de aquí. Un español, el de Cáritas, ese hombre bueno que me da alimentos cuando no tenemos qué comer me contó que de ella sacaron a su padre una noche y nunca más lo volvió a ver. Lo mataron en la guerra. Bueno, después de la guerra, porque aquí en España también hubo una guerra. Entre españoles. Los españoles tampoco son buenos. No, los españoles no, la maldad, la crueldad no entiende de países ni de razas, es la guerra la que es mala. La guerra transforma en monstruos a los hombres.

No puedo levantar la cabeza como siempre para mirarla, mi equilibrio se pierde cuando dejo de mirar el suelo, me mareo, pero se que tiene unos balcones de piedra labrada con tallas de uvas y cestas repletas de ellas.

¡Las he contemplado tantas veces!

Entre balcón y balcón, otras tallas de ángeles custodios alzando las manos uno hacia el otro. Parecen destinados al amparo de la casa y la calle, pero no es muy eficiente la protección, mucha tarea es esa de controlar el mal del hombre. Está muy cerca de la mía, pero en está se respira riqueza, aunque sea pasada. Yo vivo en una pequeña casita con una fachada cochambrosa y dos habitaciones, de alquiler y con urgentes necesidades de reforma, pero esas casas nunca se reforman. Son nuestra celda, casi nuestra tumba. Cuando sean inhabitables serán derruidas, y quizá pase mucho tiempo hasta que en ese solar de construya algo.

La parte interna de los muslos esta lubricada por mi sangre. La ropa que él me pide que lleve, impide que se vea, pero la noto correr. Hasta los tobillos. Estoy presionando fuerte, como oí una vez que había que hacer, pero me he dado cuenta de que a veces no aprieto sobre la herida, no se ni donde está. Los pinchazos de dolor han cesado, al mismo tiempo que ha aumentado el esfuerzo por continuar andando, por llegar al la plaza, por recibir ayuda. He apretado mi falda y mi ropa interior y el líquido a chorreado con caudal piernas abajo, estoy empapada por dentro, tengo miedo.

Al alzar la cabeza, siempre gacha para evitar tropiezos, he visto una sombra entre la plaza y yo. Es una mujer con una bolsa en la mano. Viene. Pensaba que no podría llegar, ella me ayudará. Gracias a Dios.

Ya está cerca, alzo mi mano para recibir su amparo, su vida, ella no tiene herida que deje escapar su alma y su aliento, ella me puede ayudar. Zigzaguea a mi alrededor y evita mi contacto. Me tiene miedo, me huye. He intentado hablarle, llevo cuatro años en España y chapurreo bastante bien el castellano; el rumano también viene del latín, pero creo que solo he balbucido, no me ha entendido. Quizá ha pensado que le pedía dinero. Me ha tenido miedo, seguro. No puedo volver la cabeza para mirarla, me caería, pero noto su mirada en mi espalda; tengo que llegar, solo son cien metros, hay luz, hay gente en la plaza.

Derribos “el quieto”. Hace al menos cuatro años que ese cartel está ahí, mirándolo todo sin ver nada. Alguien derribó una casa y llamó a esa empresa para hacerlo, “El Quieto” y colocó el cartel, supongo que con intención de construir otra casa, pero no la construyó, el cartel se quedó allí y allí lo he visto todo este tiempo, incluso, en mis momentos de soledad, lo he saludado como si de un ser vivo se tratara, es mi vecino, el que más relación tiene conmigo, el que me mira, al que veo siempre cuando salgo. Yo siempre pensé que los barrios históricos eran los de más nivel económico, pero aquí, en España, no ocurre así. Las casas son alquiladas a inmigrantes como yo, los españoles ya no pagan por vivir aquí, se convierten en guetos abiertos, ahora ya no es ni lugar de transito o de paseo.

“El Quieto”, derribos “El Quieto, con ese nombre aun estará muchos años más ahí, sin construir, pegado a una pared de un solar que , antaño, fue valioso y hoy pertenece a un barrio de inmigrantes, un barrio sin precio.

Mañana mi hijo trabaja, va a recoger manzanas a Sax, la población vecina, si el médico tarda mucho en curarme no podré hacerle la comida y mañana no tendrá que llevarse. No lo llaman mucho, pero ese dinero de las jornadas sueltas son nuestra mayor fuente de ingresos. Dineros escasos y demasiado trabajados, pero únicos, los más necesarios.

Tengo que llegar a la plaza, allí me ayudarán. La luz es mas fuerte en el suelo, el asfalto ya no está y se ha cambiado por adoquines, estoy llegando, no puedo levantar la mirada de mis pies, pero adivino los bancos. Si llego a uno podré descansar y alguien me llevará a curarme. En la plaza  todas las casas son de planta baja, unipersonales, aquí sí están restauradas. Las rejas de las ventanas están pintadas y las fachadas inmaculadas, casi todas labradas también.

La casa restaurada de antes se hubiera diluido entre estas a la perfección, una casa de poder, de familias adineradas que hoy viven en otros lugares, lejos de nosotros.

La luz es cegadora para mí hoy, pero otros días ha sido alegre. Me tambaleo al cruzar la calle y un coche ha pasado por mi lado. He visto como el conductor giraba la cabeza para mirarme. Hubiera podido pedirle ayuda, pero no me ha dado tiempo a reaccionar, cuando he conseguido gesticular ya estaba lejos, pero se que me miraba por el retrovisor, quizá haya adivinado qué pasaba, o quizá no.

Mañana mi hijo trabaja.

Me he sentado, hay gente que pasa por el otro lado de la plaza. Alzo mi mano e intento gritar para que vengan a ayudarme, no me oyen, me miran, pero solo ven a una mujer envuelta en harapos gesticulando y emitiendo sonidos que no entienden, no van a venir. Me duermo, mañana no podrá llevarse la comida mi hijo. No siento dolor. No fuera del alma, ahí sí sufro, es en mi cuerpo donde faltan las sensaciones, me duermo. Alguien se acerca, oigo sus pasos, me van a ayudar, me duermo.

El  12 de Agosto del 2007  Xxxxxxx ,  mujer rumana de 44 años, fue asesinada en Novelda por  su marido. La policía encontró a una pareja cuya mujer dormía en un banco de la Plaza Vieja. Al interpelar al hombre, este dijo que había encontrado a su mujer acostada en el banco con la puñalada en el pecho. Afirmó no saber nada más. Xxxxxx murió horas después en el hospital y su marido confesó el crimen. He buscado en las hemerotecas y ningún medio dio el nombre de la fallecida. Era, se llamaba,  “una mujer rumana”, en todos los medios. La asesinada era una mujer, una mujer maltratada y una mujer rumana, mala combinación. Se llamaba Xxxxxxx. Nunca fue objeto de conversación en mi círculo de amistades ni en ningún otro, nadie la recuerda, nadie recuerda ese crimen.  Xxxxxx era una mujer rumana. Su hijo no fue a trabajar al día siguiente, y el cartel de “El Quieto” sigue ahí, observando la calle Francisco Santo.

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6 respuestas a En la calle Francisco santo (versión full extended) ¡Toma Inglés!

  1. Geminiana dijo:

    A párrafo por segundo de vida, porque en un segundo caben muchas emociones, muchos pensamientos que, tal y como tú relatas, probablemente ella tuvo. Qué manera de ponerte en su piel, que manera de describir… que bonita manera de denunciar lo intolerable.
    Otra, y todas las veces que hagan falta: enhorabuena…y gracias.

  2. Jose Maria Castello dijo:

    Juan G. Te felicito por este articulo real, que as escrito y por tu premio, te lo mereces por haber contado la agonía de una mujer asesinada vilmente por su pareja, una mujer que hubiera quedado como una mas en el anonimato si no hubiera sido por ti.es tarde pero seguro que el que escribe hubiese pasado por allí en ese momento seguro que la había ayudado, por que la conocía , aun tengo en la mente su cara humilde y de sufrimiento cuando acudía a Caritas y se despedía dando las gracias siempre, sufrí y rece por ella cuando me entere de su muerte, también te doy las gracias por el comentario que Haces de mi familia en la calle Francisco Santo el (carrer pendrat ).Otro asesinato que no tiene explicación,por que fue una venganza.malditos y cobardes los que lo hicieron tenían sed de sangre, un buen articulo Juan Grabiel.

    Te doy un abrazo por el artículo, y por mencionar a mi familia del carrer pendrat, y déjame que te diga que EL SEÑOR JESUS, te de fuerzas para escribir mas, tal y como lo sientes si no, no serias tu.

    Siempre a tu disposición José María Castelló.

  3. Angela dijo:

    Que historia tan bien contada y que pena que haya que contarla! todavía siento como se me escurre la sangre y me duele el alma… Increíble como has conseguido que nos pongamos en su piel..eso es un don…no dejes de escribir, pero sobre todo no dejes de estar atento a la naturaleza humana…ojala todos nos sorprendamos con cosas menos crueles…
    Saludos!

  4. rafael dijo:

    Juan, amigo, felicidades por el reconocimiento, en su dia lo leí, pero ahora me has vuelto a emocionar al volverlo a ver; vidas anonimas, al margen de todo, pienso que sacar del olvido a una de ellas es un gesto mezclado de justicia y piedad….

  5. juan G. dijo:

    ¡Qué lujo! Gracias a los cuatro. tres de vosotros escribís y lo haceís mejor que yo, así que , os sugiero que multipliquéis las alabanzas y os las apliquéis a vosotros, que lo mereceís.
    Ángela es la primera vez que te veo por aquí, solo te había visto en tu blog y te lo agradezco especialmente.
    Gracias a todos por estar.

  6. Juan, has hecho que sintamos la agonía de esa pobre mujer en nuestra propia piel. Y el dolor por la injusticia de la violencia (cualquiera que sea) en nuestro corazón.
    Una vez más, ¡¡ENHORABUENA!! por ser tu mismo. Un abrazo.

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