Suena amigo, suena.

Es otoño.

Las hojas del árbol, principal componente de la obra, amarillean unas y mantienen su frescura otras.

A la izquierda, un rojizo rincón nos indica que, o bien fuera de nuestra visión hay otro árbol que ha depositado su muerte anual antes que los que quedan a simple vista, o bien huellas humanas, de esas que se alargan en el tiempo, han marcado el sustrato arcilloso del terreno.

A la derecha el río y su otra orilla. Esta mucho más frondosa, de matorral, en apariencia inaccesible. Se vislumbra a través de las hojas que cuelgan de los árboles centrales y del río, que se engalana con la imagen de sus ramas en la superficie.

La luz no atraviesa el árbol. Parece estancada en la parte posterior postrada a los señores de la sombra, de la frescura. Sí se refleja en el agua del río, que se ve blanca debido a ello, no más se aleja de nosotros unos metros.

Más allá de los troncos, abajo, a la izquierda, un flautista, quizá mejor solo su silueta, pequeña o alejada, a una distancia indeterminada, está sentado a la orilla, tocando la flauta y mirando abajo, al agua.

Eso se ve.

Se intuye la fragancia acre de las hojas humedecidas por relentes y humedades propias de cualquier río. Ese olor te atrae al mundo natural, a la esencia del bosque. Ese mundo en el que te sumerges y te turba al segundo de entrar, a veces, las más, voluntariamente y te llena el ansia de vida.

Pero el flautista toca. No está admirando la vida que le rodea, no absorbe los aromas por más que le asalten, toca. Oye y suena.

Es indudable que acompasa su música con los trinos y gorjeos que, en busca de una cópula tan consentida como necesaria, emiten los propietarios del rincón. Quizá estos le estén dedicando los gorgoritos a él y no al apareamiento, ya que vive su experiencia donde ellos viven su vida y quien es dueño de su existencia avisa a los intrusos. ¡Ahí vivo yo! En todo caso los pájaros pían.

También le acompaña la orquesta del agua, bien sabían los que construyeron la mezquita que es música y no ruido. Podía dormir acunado en ella. Podía dejar la mente en blanco, algo que tanto el agua como el fuego tienen facultad de conseguir. Pero no, toca su flauta.
No sabemos el resultado de la orquesta, no la podemos oír.

Sólo podemos suponer que tardará en levantarse.

El cuadro es de Reme Mira Mendiola. Novelda.

Esta entrada fue publicada en Cuentos y relatos. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Suena amigo, suena.

  1. No sé qué decir. Me siento muy halagada por tu “regalo”. Con tu bonita descripción, has hecho que me guste más este cuadro Muchas gracias Juan.

  2. wifredo rizo chico de guzmán dijo:

    Precioso, delicado y hermoso texto,como coresponde a un cuadro hermoso, delicdo y hermoso. Ambos llenos de sensibilidad y frescura. De pintura y de escritura.

    Tu, Juan, nos deleitas con tus escritos con cierta frecuencia. Me gustaría mucho que Reme, más introvertida, al menos enj e arte, nos deleitara también.

    Gracias a los dos.

  3. Geminiana dijo:

    Preciosa la pintura y el relato que la acompaña….que generoso y agradecido es el arte!

  4. Javier Muñoz-Pellín dijo:

    ¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú. (C. 736)

  5. claudio rizo dijo:

    Creo que es la primera vez, Juan, que te leo en este tono, tan pausado, tan como el cuadro de Reme, quietecito, descriptivo, contemplativo, sugerente… y me ha gustado; en un marco, si me permites, de prosa poética, hermosa y elevada que nos señala lugares y hechos que a simple vista pueden pasar desapercibidos y que solo unos ojos atentos, como los tuyos, captan de un modo acertado y con una buena dosis de creatividad.
    Vamos, que si alguna vez me da por pintar, ya sabes quién le va a poner palabras a mi cuadro. Un abrazo.

  6. Reme, yo tambien me sentí halagado al ver tu cuadro, es recíproco.Wifredo y Geminiana no falláis, ya os he dicho cuanto se agradecen vuestras palabras, lo sabéis.
    Usted, señor Cura a lo suyo, no se corte usted, sientase libre, y tú Claudio ya tardas en pintar, aunque pintar lo que es pintar pintas mucho.
    Yo solo miré el cuadro.

  7. Luis Calpena dijo:

    Relajante relato. Suave y meloso.
    A mi también me gusta.

  8. Fabulosa interpretación, excelente descripción y atrayente profundización. Me agrada como has podido abordar el cuadro y sus detalles. Muy bien escritas me parecen las palabras de admiración y felicitación a tu excelente construcción.

    Saludos

  9. Tienes buena vista porque la flauta del personaje sentado a la orilla del río está bastante difuminada (al menos en la reproducción del blog).
    Buen ejercicio descriptivo. La pintura es una fuente de inspiración para quien tenga inquietudes literarias. En cualquier cuadro hay un poema, un cuento e incluso una novela.
    Si has leído “Bomarzo” de Mugica Lainez, o algún otro libro de este escritor argentino, sabrás lo que es sacarle partido a una pintura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s