Historia de amor predeterminado.

Ambos miraban la puerta de enfrente desde niños.

Él aun recordaba aquella vez que , provista de uniforme y con coletas, era arrastrada por su madre, a la que se negaba a seguir, para asombro de esta, mientras no le quitaba ojo a él que, en ese momento, llegaba a casa con sus progenitores. Sabía que estaba llamando la atención, su atención.

Un cruce de miradas  de años largos y fecundos en experiencias.

Fueron creciendo sin intercambiar otra cosa que no fueran aquellas ojeadas de interés. Llegaron a la adolescencia y él la vio entrar con su primer y único novio a casa. También cuando le besaba en su portal le miró. Y él a ella.

Supo que se había casado con él un día antes de encontrar a la que más tarde sería su esposa. La que desde hacía dos años le condenaba a, juicio tras juicio, vivir una vida apagada en casa de sus padres de nuevo, la casa de enfrente para él, siempre sería así, la casa de enfrente de Marisa.

Sabía que se llamaba Marisa porque lo espió en su buzón de muy joven, probablemente ella no sabría el suyo.

La calle era tan ancha. La gran ciudad tan impersonal.

Desde que volvió a la casa de su niñez  procuraba aparcar en la acera de enfrente o buscar cualquier motivo para pasar por delante de su casa. Quizá, algún día, esa cosa que rige nuestras vidas y contra la que nada podemos hacer, ni para favorecerla ni para evitarla, le permitiría volver a verla, esta vez de cerca. Los callos de su corazón le habían dotado de la intrepidez que nunca tuvo. Llevaba meses haciéndolo, se había convertido en su rutina.

No se equivocó, tuvo la oportunidad de cruzar sus primeras palabras, su primer abrazo, su primer beso con quien sabía que estaba unido desde siempre sin saberlo del todo.

Un día gris, vació y triste, como casi todos para él, de un otoño que asomaba en el cielo, que asomaba en boca de articulistas que le dedicaban espacios en los medios, en el ánimo de la gente sin roce, sin caricias, unas veces empujando a la alegría y, las más, a la melancolía.

Un día señalado.

Tal y como era su costumbre intentó aparcar en su acera, y pasar por delante de su puerta. Esta vez se abrió de golpe, y ella, apresurada  e impaciente, se echó en sus brazos con ojos implorantes. Él la acogió con un suspiro sorprendido pero halagado y emocionado. La abrazó con fuerza, la besó, escucho su voz por primera vez dirigida a él. Su nombre en sus labios.

-¡Roberto!

Lo dijo al tiempo que le enviaba una mirada suplicante ¿De amor?

Poco a poco, en instantes, el abrazo perdió fuerza, el cuerpo de ella, se le escapaba de las manos hasta llegar al suelo, notó sus manos mojadas y cuando miró con detenimiento vio sangre en las  ropas de ella. Y oyó carreras en su portal. Y vio a su marido, cuchillo en mano, ensangrentado también, salir corriendo calle abajo. Y volvió a mirar a Marisa que ya no le miraba.

Otra vez, su diosa fortuna le había tocado, otra vez en la misma dirección.

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13 respuestas a Historia de amor predeterminado.

  1. Javier Muñoz-Pellín dijo:

    Muy bien descrita la historia de un amor nunca abiertamente declarado. El final es trivial, rápido y muy conocido. No se puede concluir de esta manera un relato tan bien construido.

  2. pavonleal dijo:

    Lo que parecía una historia de amor condensada en un breve relato se convierte en una tragedia. O en un suceso de los muchos que aparecen en los medios de comunicación.
    Él vuelve a encontrarse con ella tras deprimentes experiencias judiciales. Pero es Marisa la que es sometida por su marido a una experiencia sin vuelta atrás.
    Tu relato es un espejo con dos hojas, en las que las imágenes se reflejan invertidas. Un retrato de nuestra época. Literatura sin concesiones.

  3. ¡Hombre señor cura! Con lo desafortunados que suelen ser nuestros encuentros o encontronazos, esta vez le estoy agradecido de verdad y mucho. No hay nada como la sinceridad, al menos hay muy pocas cosas que yo aprecie tanto.
    Si, una vez releído se le puede hacer algo, pero ya veremos. Esta historia proviene de unas bases que piden cuatromil caracteres de máximo y de tema el azar nunca había escrito con límites, es nuevo para mi. Aun me queda medio folio, quizá lo retoque, lo de la brevedad, no el final.
    Muchas gracias señor Pellín.
    Amigo Pavón, que bien lees. Me alegro mucho de que te haya gustado. Eso es exactamente el lugar a donde yo quería ir a parar, en realidad nunca estamos tan mal. Y no, no quiero dar concesiones.
    Muchísimas gracias por detenerte y por dejarme tu opinión, se agradece muchísimo.

  4. El final ha sido un triste precio a pagar por la falta de decisión. Si él (o ella, ¿Por qué no?) se hubiera atrevido a hablarle siquiera, muy diferentes hubieran sido todas las cosas.

    El humano, especialmente el de estos tiempos, carece de determinación. Es cómodo y conformista, como nietzsche le criticara a los hombres de su propia época. Poco han cambiado las cosas, al parecer, entre ese tiempo y el actual.

    Me agrada esta historia. Me sorprende y me trae pena al pensar en todas las personas que, con una palabra, podrían haber cambiado muchas cosas. No lo hicieron y ahora viven amargadas de su existencia.

    Saludos

    • Geminiana dijo:

      Absolutamente de acuerdo. Hay que ser más listo y “no dejar que te pasen trenes una y otra vez por delante de tus ojos”, mientras te quedas sentado en el mismo banco que la cobardía…El mundo es de los valientes!!!

  5. ¿Cómo decirlo? En este momento, soy pura contradicción. Con razón dicen los sabios, que no es como se empieza sino como se acaba… e incluso los críticos literarios, opinan que; cuando un texto logra diferentes reacciones en un mismo relato y no deja indiferente al lector, es que es bueno.

    He pasado de la placidez de una historia que parecía análoga a una novela romántica, para entrar crudamente, en la salvaje y despiadada realidad, que aunque no sea la mía, ni la de muchos (afortunadamente), no deja de ser una lacra social que padecen y han padecido a lo largo de la historia, muchas mujeres y muchos hombres.

    Intentando descubrir lo que has querido expresar, creo que tu relato no se ajusta a una tendencia concreta, sino a varias; como podría ser, el idealismo, (como marco del texto) el feminismo radical, (como acontecimiento del drama inicial) el machismo arcaico, (como trama del relato) e incluso, también tiene cabida la inocencia destruida (como antagonista secundaria).

    Como siempre, Juan, has puesto el dedo en la llaga, sacando a la palestra un tema que, desgraciadamente, todavía se le consiente un silencio corrido, hasta que es demasiado tarde.

    Son conductas cobardes y atroces que exterminan la vida de unos y marca la existencia de otros para siempre, formando parte de un pasado repleto de heridas imposibles de cicatrizar. La herencia de victimas puede ser incontable.

    Si tu relato fuera una película, elegiría a Woody Allen como director. Este controvertido personaje, pasa del amor al odio con la misma facilidad e intensidad. Tal y como has hecho tu historia.

    Una decisión a tiempo, puede cambiar el destino de muchos.

    Un abrazo Juan

  6. Gracias Adlien y Alicia. Es cosa común no atreverse a hacer bondades y estar dispuesto a todas las maldades. ¡ Que fácil hubiera sido decirle algo de joven!, cuando el rubor es un coche de carreras, pero se le hizo duro el corazón demasiado tarde.

  7. mozarabe dijo:

    Te engaña. suave y romanticon con un final cañero. Me gusta Oli es como tu.

  8. Ya me dirás quien eres tú para que yo sepa por qué me dices que es como yo jejej

  9. claudio rizo dijo:

    Llegaron a la adolescencia y él la vio entrar con su primer y único novio a casa. También cuando le besaba en su portal le miró. Y él a ella (fíjate, Juan, quizá me equivoque, pero encuentro contradicción: dices que él la vio entrar… con su primer novio… incluso cuando le besaba en el portal… Y colocas un punto y apante, para añadir: “Y él a ella”, cuando creo que todo el rato estás hablando ¿de lo que él veía de ella?).

    Esta parte la veo excesivamente rápida, en ideas y conceptos: “Supo que se había casado con él un día antes de encontrar a la que más tarde sería su esposa. La que desde hacía dos años le condenaba a, juicio tras juicio, vivir una vida apagada en casa de sus padres de nuevo, la casa de enfrente para él, siempre sería así, la casa de enfrente de Marisa”.
    En mi opinión, corres demasiado, no dibujas la situación del todo; la das por sobreentendida. Veo mucha precocidad, cuando podrías (deberías) “recrearte” y gustarte más, para que llegara más claramente y evitar los esfuerzos para el lector. Allanar el terreno.

    “Desde que volvió a la casa de su niñez procuraba aparcar en la acera de enfrente o buscar cualquier motivo para pasar por delante de su casa. Quizá, algún día, esa cosa que rige nuestras vidas y contra la que nada podemos hacer, ni para favorecerla ni para evitarla, le permitiría volver a verla, esta vez de cerca. Los callos de su corazón le habían dotado de la intrepidez que nunca tuvo. Llevaba meses haciéndolo, se había convertido en su rutina”.
    Un párrafo, de nuevo, para mí, confuso, en toda su extensión. No me queda claro si hablas de un recelo de él o de ella. Perdóname, Juan, te soy sincero, y quizá sea culpa mía, de mal lector, pero veo gran galimatías en este párrafo. Me obligas a releer, para comprender.

    “Un día gris, vació y triste, como casi todos para él, de un otoño que asomaba en el cielo, que asomaba en boca de articulistas que le dedicaban espacios en los medios, en el ánimo de la gente sin roce, sin caricias, unas veces empujando a la alegría y, las más, a la melancolía.”
    … otro párrafo que, a mi lectura, queda inconcluso. Falto de definición. Cojo. En el aire. Sin rematar.

    A pesar de mis sensaciones, que te pueden valer o no, porque un lector a veces falla en la lectura (no siempre es cuestión del escritor), a mí el relato me ha gustado mucho, de verdad. Me jode, si me aceptas el exabrupto, porque podría haberte quedado mucho mejor, de haberte recreado, algo más, en algunos pasajes en los que podrías haberte lucido más de lo que lo has hecho. Deberías gustarte; leerte, en voz alta, como si lo escribiera el vecino del quinto, y lo leyeras por primera vez. Comprenderte, como si fueras un lector anónimo al que se le presenta un relato virgen.
    Perdona, si fallo en mi apreciación. Como lector, y amigo, te lo cuento, tal como lo veo. Sin pretender sentar cátedra. En absoluto.
    Un abrazo.

  10. ¿Pero como no vas a sentar cátedra maestro? Siempre lo haces.Incluso cuando no dices nada, por eso eres maestro.
    Así es, es rápido seco y conciso. Pero es que así quería que fuera. A veces, leyéndote a ti por ejemplo, algo que siempre me hace disfrutar, echo de menos la bofetada de una resolución cortante y quizá me precipite más de una vez con mis textos. Lo pensaré, quizá debería recrearme más tal y como dices. Pero será otra vez Claudio.
    Sí que quiero agradecerte tu sinceridad y sobre todo tu clase maestra, tu sabes, porque te lo he dicho personalmente cuanto las aprecio, pero es que tal vez tenga que ver con mi personalidad, en el fondo soy un poco así, seco, cortante, a veces faltón.

  11. A mi me ha gustado mucho así. El final bien podría ser un grito de dolor contra la absurda y creciente violencia de genero. La extensión es siempre importante en el mundo del relato. Hay mil medidas, bastante coincidentes. Para flash fiction, micro relatos, relatos, novelas y demás. Pero la definición de extensión que más acertada me parece es de Borges: Un relato es aquel que se lee de una sentada.
    Hasta pronto querido amigo y sigue escribiendo.

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