Sala de complementos y tocados

Los asientos eran cómodos, no demasiado separados pero tampoco muy apiñados, no vamos a decir que servían para dormir, pero no eran incómodos. Incómodo era el silencio, los murmullos como de privacidad pública, de saber que todos éramos iguales pero al mismo tiempo, querer poner distancia entre unos y otros. Cosas de la sociedad.

La señora de enfrente lucía un gorro marrón de lana gruesa con pliegues en el lado derecho, le daba aires de señorío. Probablemente los que merecía dada la altivez de la mirada, desafiante y, al mismo tiempo, agradable. A su lado, un señor malcarado, de gesto adusto y taciturno, como si hubiera vivido la mitad de su vida en los mares del Sur en época de piratas, otra mitad en una cárcel del Asia profunda, y otra, -¡sí, otra!,ese tiene que tener , al menos tres medias vidas a sus espaldas- hubiera habitado un Gulag soviético. Se adornaba con una gorra escocesa empotrada por detrás hasta las cervicales y con la visera  mostrando todo el frontal. Su voz, terminante e inflexible, invadía la sala con aseveraciones indiscutibles que nadie escuchaba, fruto probablemente de sus propios temores a tiempos pasados, dirigiéndose a nadie.

Entrando por la puerta de doble hoja, una señora que ostentaba una hermosa peluca de color pardo, con un abrigo con mas pelo que la misma peluca. Iba acompañada de ciento diez kilos de muchacha parlanchina, sin tocado en la cabeza y con voz de graja. Desollaban a sus vecinos y conocidos sin descanso, ocupación esta que, al parecer, era el motivo al que ambas consagraban su vida y, probablemente, su obra.

Desentonando con la estética general, una mujer delgada hasta la extenuación, morena de piel, mediterránea sin duda, callaba. Meditaba recogida en uno de los laterales de la sala componiendo la imagen desolada de un lugar desolado. Vestía con ropas baratas y destartaladas, los puños de su suéter blanco entonaban el negro, como su piel. Llevaba calado hasta la nuca un gorro tipo alpinista de color blanco sucio con dos rayas azules que rodeaban su cabeza y se ajustaban a su delgado contorno.

Un señor con sombrero de fieltro,-como me gustaría decir aquí, “y traje de Tweed”, como en los libros de Le Carré o en las novelas  de los cincuenta-,  paseaba la entrada una y otra vez, esperando con gesto noble y altanería.

A mi lado, también sin tocado, como yo, una muchacha argentina con voz dulce y mirada tímida y huidiza, me contaba que, y cómo, se había habituado a la sala, cómo, sin tener ningún deseo, ella también  era habitual de la sala de los tocados.

¡Y llegó ella! Entró por la puerta con su piel blanca, y su sonrisa  puesta.   Nerviosa,  -no la conozco de otra manera-,  con ágiles miradas y rápidos pasos. Su peluca, rubia como su pelo, ondeaba iridiscente alrededor de su cuello. Le ayude a ponerse el abrigo de cuero negro, su inseparable compañero en invierno, y le tendí su bufanda al tiempo que me levantaba de mi asiento.Juntos nos dirigimos a la salida y, girando la vista hacia todos los que, a su vez, nos miraban, nos despedimos con un “hasta el Lunes”.

La señora de enfrente nos miro con esperanza y modestia,  el señor malcarado con bondad y buenos deseos, los ciento diez quilos de muchacha y su madre dejaron de despellejar a sus conocidos y nos brindaron con la mirada el mejor de los bienes, la mujer callada dijo adiós, el señor del sombrero se hizo a un lado con una sonrisa,  la argentina saludó con la cabeza de manera cómplice y sonriente, todos con la luz en la mirada común de quien  lucha por la esperanza y al mismo tiempo la regala, y juntos, mi mujer y yo, abandonamos la sala de espera de Radioterapia.

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10 respuestas a Sala de complementos y tocados

  1. claudio rizo dijo:

    Pedazo de texto, sí señor. Me ha encantado. Felicidades.

  2. eve ergo dijo:

    Precioso… Congratulations

  3. Luis Beresaluze Galbis dijo:

    Un texto con masa y contenido. Con profesionalidad, casi. Me ha gustado mucho.

  4. Gabriel dijo:

    Sin comentarios,por que no me salen…sigue asi no cambies

  5. wifredo rizo chico de guzmán dijo:

    Por casualidad he encontrado tu texto. Felicidades, muy hermoso y sensible.
    No entiendo mucho, pero te veo cualidades para la escritura. Sigue escribiendo

  6. Oro dijo:

    …………Qué bueno Oli… la verdad que después de tantos años, conocer tu lado sensible ,ahora, es todo un placer…

  7. Magnífico relato. Muy buena la descripción y un final que no deja indiferente a nadie. mi enhorabuena. Disculpa que me atreva a contradecirte, pero esto sí es un blog literario. Un saludo y gracias.

  8. CARMEN dijo:

    NO DEJAS DE SORPRENDERME. FELICIDADES POR SER TAN BUENA PERSONA, PORQUE ALGUIEN QUE ESCRIBE COSAS COMO ESA, ES PORQUE LE SALE DEL ALMA. YO HE ENTENDIDO MUY BIEN LO QUE CUENTAS. UN BESO. CARMEN

  9. Geminiana dijo:

    La primera parte…insolente, y va cambiando de color, para dejarse leer en su lado más tierno después.
    En definitiva: humano.

  10. No aspiraba a más. muchas gracias amiga.

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