El Belén de mi casa.

En Novelda Digital el Sr Galbis nos ofrece su vivencia de lo que es un Belén, su Belén. Nosotros hemos enviado este texto para contar como es el Belén de casa de Clin. Supongo que mañana lo publicarán como respuesta, pero lo que es, es. El Belén de mi casa.

MI BELÉN

Mi belén tiene niña. Seis  años de niña hermosa y brillo de cuento en los ojos.

En mi belén es Papanöel el que adora al niño, bueno son dos papanöeles de diferente tamaño los que adoran a Jesús, porque mi niña, esa cabecita rubia que cada día cambia los muñequitos, tiene muy claro que antes que los reyes magos llega Papanöel, y en su estética de cuento no importa que ambos  nórdicos personajes sean de diferente tamaño,  de diferente hornada y de diferente cuento.

Tras el nacimiento, un dibujo suyo de los tres cerditos arropa la maraña de personajes imaginarios.  ¿Quién le va a decir a mi niña que los tres cerditos no deben participar en el cuento del niñito Jesús?

A la derecha un árbol de navidad de palmo y medio de altura adorna el escenario, y en la cuna del niño se alternan el bebé y un muñequito de plomo que representa a un soldado de las huestes Napoleónicas. Cuando  el quinto tiene relevo a juicio de la niña, cede el acomodo al bebé y envía al recluta a dormir los parabienes al carrito con paja que ora está a la derecha y ora a la izquierda.

Entre los reyes magos y el pesebre hay colocado un juego de café de plástico rosa, para el disfrute de los adoradores y el calentor de sus cuerpos dice ella, que es invierno. Estarían mejor estéticamente creo yo si las tazas no fueran mayores que los camellos, pero es su mundo de cuentos, le pertenece a ella, no a mi.

Yo me limito  a contarle cada noche un cuento para que su imaginación vuele, a hacer que sus ojos brillen de ilusión. Ella sabe que son historias inventadas por hombres para el disfrute de otros hombres y para la ilusión de los niños.

Debe ser por eso que en lo que he tardado en escribir esto, Winnie the Poo acaba de escalar el pesebre y luce “espatarrado” encima de la cueva con un evidente peligro de  acabar con el equilibrio de más de un pastorcillo.

Yo miro a mi niña y veo el brillo en sus ojos, y no le doy gracias a Dios, sino a su maravillosa infancia de fabulas y aventuras.

-¿Quieres un café papá? Los reyes magos se acaban de tomar el suyo, que estaban cansados…

Quien pudiera volver a ser niño.

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