Las pensiones y su santísima madre.

Estamos asistiendo a la claudicación de lo que debería haber sido una revolución para encaminarnos a un mundo mejor. Revolución o involución, pero debería haber servido para cambiar el rumbo.

En esta época de crisis, convulsa y aclaratoria de los defectos del sistema, cupo la esperanza de que los líderes políticos estuviesen a la altura. Pareció durante un lapsus que la llegada de Obama a la Casa blanca movería, aunque fuese de una manera ligera, hacia posiciones mas sensatas y humanas sobre todo, la postura del país que dirige y “ordena” la política mundial.

Pareció claro que el sistema liberal y capitalista, después de lo acontecido en esta crisis y las periódicas anteriores, sufría del mismo mal que todos los sistemas ideados por el hombre para conseguir un equilibrio y una mayor adaptación entre la forma de vivir y la vida misma. Es evidente que el hombre, esté regido por el sistema que esté regido, avanza paso adelante y saltito hacia atrás,  hacia un mundo mejor. También parece obvio que los sistemas caducan y se vuelven incompetentes y obsoletos. Junto a ellos siempre quedan nostálgicos y tibios que se empeñan en evitar cualquier tipo de cambio  temerosos de cualquier cosa que pueda llegar por unas razones u otras, y componen el saltito hacia atrás.

Ni Obama se ha atrevido al cambio, ni Zapatero a continuar con la intención que se le suponía. Han bajado los brazos. En EEUU se ha parado la ley de la seguridad social. Los americanos han decidido, a pesar de que cada vez son más los que no pueden pagar su seguro médico dejar un tiempecito mas a los pobres a su suerte. Y Zapatero ha decidido volver a cargar sobre los hombros de los trabajadores los beneficios de quienes realmente ostentan el poder, unos pocos.

Parecía que alguien iba a poner más control sobre la avaricia humana, que alguien iba a empezar a tomar medidas sobre lo que sabemos positivamente que no funciona, que condena al hambre a muchos cientos de miles de españoles y a millones y millones de humanos, pero no han tenido valor. Han decidido dejar las cosas como están y dar beneficios a quien nos ha robado hasta la esperanza.

Mucho valor hay que tener para soportar ver cómo te condenan a una vejez miserable y quedarse quieto y callado. Hablan de complementar con seguros privados el pan de nuestros últimos días al mismo tiempo que nos dejan con mil euros o con ninguno. El sr. Montoro se frota las manos a sabiendas que detrás de esta capitulación llegarán más. ¿Con que dinero vamos a complementar qué?  Los años de cálculo serán con la media de nuestro periodo de paro y nuestro sueldo mileurista, y todo para que un sistema que tiene como premisa el enriquecimiento escandaloso de muy muy pocos se mantenga y continúe con su avance hacia atrás. ¡Paren ya!

No podemos quedarnos mirando mientras se comete este atropello a la lógica. ¿Es bueno un sistema económico que condena a la miseria y a la calamidad a la mayoría de la especie humana?

Creo que es el momento de controlar la libertad financiera, ya que no es tal esa libertad cuando campa en un terreno cada vez mas acotado y al que solo unos privilegiados tienen pase.

Cristo  tiene a su Vaticano, Marx a su Stalin, Mahoma a sus talibanes y Adam Smith a las grandes familias financieras. Todos, en resumen, tienen un enemigo, la maldad y la avaricia humana, el hombre mismo, que con su naturaleza echa abajo  cualquier palabra o intención que intente impedir el sometimiento de un hombre sobre otro y busque la dignidad y el bien común para todos los habitantes de esta tierra.

Creo que es el momento de moverse. Es el momento de hacer un esfuerzo para cambiar las cosas, un movimiento que , pese al miedo que da a algunos esta palabra, sea de izquierda real y no utópica, factible. Mas control ante los desmesurados robos de los que somos víctimas, Mas igualdad ante la justicia social. Más participación del individuo colaborando con cualquier frente contra la inmovilidad. Podemos mover las cosas que otros están moviendo en contra nuestra, pero tenemos que levantarnos de la silla, no podemos resignarnos a que los que nos han robado el pasado y el presente quieran robarnos el futuro sin oír siquiera nuestras protestas.

Clin

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